Los incendios en Australia se ha convertido en algo común durante los últimos años, pero fue a finales de 2019 y comienzos de este 2020 cuando la situación ha ido empeorando. Así el nuevo año ha sido recibido con esta gran catástrofe, la cuál continua y está arrasando con toda la biodiversidad.
La causa inmediata es un fenómeno climatológico. Es el dipolo del índico, también conocido como el Niño Indio. Un fenómeno que ha propiciado un periodo de sequía y calor extremos. Australia registró en diciembre la temperatura más cálida de los últimos 140 años, con un promedio máximo de 41,9 grados. El calor, la sequía y los fuertes vientos han sido la combinación perfecta para este desastre.
Se calcula que actualmente existen unos 200 focos activos de llamas, que a la fecha consumen una superficie aproximada de 8 millones de héctareas y dejan un saldo superior a las 30 personas muertas, más de 1500 viviendas calcinadas. El humo está afectando a las principales ciudades como Sidney o Melboure, disparando los indicadores de la mala calidad del aire. De acuerdo con la Organización Meteorológica Mundial (OMM) se han liberado unas 400 megatoneladas de dióxido de carbono, un gas que contribuye al calentamiento global.
Este infierno ecológico ha afectado a más de 1.250 millones de animales, la estimación incluye mamíferos (excepto murciélagos), pájaros y reptiles y deja fuera a insectos, ranas y otros invertebrados. En los incendios los animales no solo mueren calcinados o asfixiados. Aquellos que se entierran para salvarse de las llamas, reemergen en áreas devastadas donde no encuentran alimento o se convierten en presas fáciles para sus depredadores.
La población mundial están contribuyendo a la causa mediante donaciones, para así poder ayudar a reducir el impacto que ha ocasionado este desequilibrio ecológico. De este modo, todos estamos contribuyendo a reducir las emisiones de gases contaminantes y por tanto el calentamiento global.

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